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Adiós

  Durante los pocos o los muchos años de nuestra vida, nos vamos despidiendo de cosas y nombres. Por ejemplo: Adiós a la inocencia, como le ocurre al niño. Adiós al pudor, cavila el ex (o la ex) virgen. Adiós a las apuestas, o sea chau martingala. Adiós al hambre con un buen asado. Adiós a las armas, escribió Hemingway. Adiós a octubre, declaró noviembre. Adiós a la palabra, pensó el mudo. Adiós a los anillos, resolvió el manco. Adiós a las aduanas, dijo el contrabandista. Adiós a los sueños, cuando canta el gallo. Adiós a la anestesia, cuando vuelve el dolor. Adiós al viento, saluda la veleta. Adiós a las amantes, dijo el recién casado. Adiós a los profetas, si metieron la pata. Adiós al silencio, cuando arranca la bulla. Adiós al pobre emporio, cuando llega el im- perio. Adiós a la memoria, cuando gana el olvido. También adiós a Dios, como reza el ateo Mario Benedetti
  quién lo diría los débiles de veras nunca se rinden. Mario Benedetti

No te salves

  No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo Mario Benedetti