Durante los pocos o los muchos años de nuestra vida, nos vamos despidiendo de cosas y nombres. Por ejemplo: Adiós a la inocencia, como le ocurre al niño. Adiós al pudor, cavila el ex (o la ex) virgen. Adiós a las apuestas, o sea chau martingala. Adiós al hambre con un buen asado. Adiós a las armas, escribió Hemingway. Adiós a octubre, declaró noviembre. Adiós a la palabra, pensó el mudo. Adiós a los anillos, resolvió el manco. Adiós a las aduanas, dijo el contrabandista. Adiós a los sueños, cuando canta el gallo. Adiós a la anestesia, cuando vuelve el dolor. Adiós al viento, saluda la veleta. Adiós a las amantes, dijo el recién casado. Adiós a los profetas, si metieron la pata. Adiós al silencio, cuando arranca la bulla. Adiós al pobre emporio, cuando llega el im- perio. Adiós a la memoria, cuando gana el olvido. También adiós a Dios, como reza el ateo Mario Benedetti